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DESENCADENANTES DE LA ANSIEDAD

Los desencadenantes de la ansiedad son en la mayoría reacciones aprendidas y anticipadas de amenaza. El tipo de estímulos, tanto internos como externos, que son capaces de evocar la respuesta de ansiedad, están en gran parte determinados por características de la historia personal, existiendo notables diferencias individuales en cuanto a los propios desencadenantes y a la propensión a manifestar tales reacciones ante los diversos tipos de situaciones implicadas.

En general, se suele hacer referencia a que las situaciones son sólo potencialmente ansiógenas, porque no siempre producen reacciones de ansiedad. Lo cual ha sido explicado de formas muy diferentes, pero que se debe a lo que genera la reacción de ansiedad es el significado personal o, más exactamente, la interpretación anticipadora de la situación que hace la persona. En ocasiones incluso la persona reconoce y es consciente que la situación no supone una amenaza objetiva, pero sin embargo no puede controlar voluntariamente su reacción de ansiedad.

Son las expectativas de peligro las que median las respuestas de ansiedad, así ciertas condiciones actúan como señales anticipadoras de peligro. Las expectativas de peligro pueden generarse a partir de tres procesos de aprendizaje distintos: por medio de condicionamiento clásico, por medio de aprendizaje observacional y mediante la transmisión de información.

Por lo tanto, al no tratarse de una situación de amenaza o peligro real y presente, sino una anticipación de la misma, los mecanismos que disparan la respuesta emocional de miedo no se activan, es decir, no reconoce la situación como amenazante, ya que al menos aún no lo es. Por lo tanto, la condición desencadenante es simplemente un cambio en las condiciones estimulares externas o internas, que moviliza el proceso de estrés y este último el que pone en marcha el proceso de análisis emocional de la situación y, por lo tanto, actúa como desencadenante del mismo. Así pues, la reacción de estrés, se convierte en estado de ansiedad cuando la valoración conlleva la anticipación de peligro, con un componente de experiencia subjetiva, y otro de activación vegetativa y endocrina.

La propuesta más sistemática en cuanto delimitar situaciones posiblemente ansiógenas, es la realizada por, Arrindell, Pickersgill, Merckelbach, Ardon y Cornet (1991), quienes propusieron cuatro bloques de temáticas sobre las que se produce una alta convergencia interpersonal en desencadenar la ansiedad:

  • Temor a situaciones o acontecimientos interpersonales, que incluye el temor a la crítica, a la interacción social, al rechazo, a los conflictos y la evaluación.
  • Temor relacionado con la muerte, las lesiones, la enfermedad, la sangre y los procedimientos quirúrgicos.
  • Temor a los animales, que incluye desde animales domésticos a animales pequeños e inofensivos; hasta insectos, reptiles y otros animales que no suponen en ningún caso un peligro real.
  • Temores agorafóbicos, que implica temor a los lugares públicos (como centros comerciales o estadios) a las masas de personas, a los espacios cerrados (como ascensores, túneles o los teatros), a viajar solo en tren o autobús, y los espacios abiertos.

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INTELIGENCIA EMOCIONAL

Cuando hablamos de inteligencia emocional hacemos referencia a la capacidad que posee una persona para comprender sus emociones y la de los demás, siendo habilidoso en su control y modificación para que éstas sean constructivas y no hirientes, para sí mismo y para otras personas. Por consiguiente, no se simula ni se ocultan las emociones, sino que se modifican para que sean funcionales y equilibradas, permitiendo no anclarse en ellas destruyéndose psicológicamente, sino enriqueciéndose A partir de las que surgen en los contratiempos que van apareciendo.

¿Por qué uno de los alumnos más listos de la clase probablemente no será el mejor profesional en su futuro?

Normalmente damos mucha importancia al cociente intelectual para el éxito profesional, pero deberíamos tener más en cuenta la inteligencia emocional.
Cada generación es más inteligente, posee un mayor cociente intelectual.

Los padres apuntan a sus hijos a multitud de tareas extraescolares creyendo así que van a tener un mayor éxito profesional.

Pero hace tiempo se cambió esta concepción, atribuyendo a la inteligencia emocional una mayor importancia para el éxito personal, que tener un alto cociente intelectual. En los ámbitos en los que se aplica a reflejado el valor que tiene la inteligencia emocional.
Por ejemplo, así ocurre en el ámbito empresarial el que se dieron cuenta que son otras capacidades las necesarias para el éxito en la vida. En el último estudio que se ha realizado se concluyó que, en el cociente de éxito, intervienen un 23% de nuestras capacidades intelectuales, y un 77% de las aptitudes emocionales.

Leticia García
Psicóloga